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Una aproximación ¿sociológica?
al envejecimiento
en el Siglo XXI

por Octavio Gramajo


Introducción

Probablemente uno de los acontecimientos más significativos del Siglo XX fue el continuo incremento de la esperanza de vida al nacer. En Argentina se estimaba que en el año 2015 la población de adultos mayores de 65 años era de aproximadamente 4,5 millones de personas o un 10% de la población total (INDEC, 2013). Se estima que para 2050 este número será de aproximadamente 10 millones, que equivaldría al 18% de la población total (Grushka, 2016).

Evolución de la población total y mayor de 65 años
en millones, 1950-2050. Argentina, total país.

Esperanza de vida al nacer -EVN o e(0)- proyectada por sexo
entre 2000-2050. Argentina, total país.

Y se proyecta que en 2050 la esperanza de vida al nacer estará cerca de los 80 años para los varones y 84 para las mujeres. Sí, en Argentina se estiman 60 millones de personas para 2050. ¿Ese número no es tan distinto al que tenemos en 2018, no? El envejecimiento ha dejado de ser un privilegio para pasar a ser un derecho de la mayoría de la población.

Implicancias del envejecimiento en la estructura demográfica

Sin embargo, estos cambios en la estructura demográfica también acarrean sus consecuencias a futuro. Una mayor esperanza de vida implica mayores gastos en salud y previsión social. El envejecimiento no sólo es un producto del descenso de la mortalidad, sino también de la fecundidad. El descenso de la fecundidad es un proceso lento pero irreversible.

Evolución de la tasa global de Fecundidad entre 2000-2050.
Argentina, total país.

Esto implica que con el tiempo, habrá menos jóvenes para sostener una población de adultos mayores cada vez más grande. Y valga la redundancia, se busca que ese sostenimiento sea sostenible en el tiempo (Gragnolati et al, 2013).

Hacer más con menos

Subir impuestos, aumentar la edad de retiro o bajar la calidad de vida en la vejez son soluciones paliativas. Dicho de otra manera, el envejecimiento obliga a repensar el funcionamiento de ciertas estructuras de la sociedad a largo plazo. Tanto la manera en que operan algunas ya existentes pero también en el surgimiento de otros nuevos mecanismos. Por lo tanto, el estudio de este fenómeno abarca a muchas disciplinas. La salud pública, la sociología, la demografía, la economía, la gerontología, la estadística y la antropología entre otras. De más está decir que muchos de estas problemáticas son sinérgicas y simbióticas. La idea es que se pueda hacer más con menos. Llegar al punto en donde se pueda apretar un botón y manejar mil tractores. O que los alimentos sean más baratos y más nutritivos. Ni que los jóvenes no tengan que sacrificar su bienestar para sostener a generaciones anteriores. La educación es esencial para este punto.

El nivel de vida a edades avanzadas y los límites biológicos

También es importante que los adultos mayores estén acompañados y activos. Que puedan hacer lo que les gusta hasta el momento exacto en que quieran hacerlo. No obligarlos a abandonar lo que disfrutan antes. Ni torturarlos para que lo tengan que hacer después. Ni que el futuro para ellos esté en un geriátrico. Incluso el valor de otras instituciones debe ser repensado, como el dinero. Una persona que llega a vivir 100 años, ¿prefiere recibir una jubilación o que sus necesidades de salud, transporte y alimentación estén garantizadas? No tengo la menor idea, pero es una pregunta entre tantas otras. Por ejemplo ¿Cuál es la edad límite? ¿Hasta cuánto podemos aspirar a vivir? ¿110 años, 120, 130? Quizás aún no conocemos el límite (Vallin y Meslé, 2010). Volviendo a 2050, se estiman entre 70.000 y 80.000 centenarios viviendo en Argentina (CEPAL, 2017). Varios de ellos serán supercentenarios, es decir, llegarán a vivir hasta 110 años como mínimo. Con todos los debidos cuidados y atenciones que una persona de 110 años podría requerir en aquel entonces.

Sobre el futuro

El envejecimiento digno es un derecho, no una catástrofe. Tampoco es una tragedia, ni una desatención. Sin educación no hay futuro. Sin salud no hay aspiraciones. Sin ciencia no hay vida. Tenemos que estar despiertos y preparados. Pero también esperanzados. Todavía se puede hacer mucho. Aún estamos trabajando para identificar qué es lo mejor.